Empezamos a comunicarnos desde el momento en que respiramos por primera vez. Nuestro primer grito es una comunicación a nuestra madre, y al mundo, de que hemos llegado. Y hasta nuestro último aliento, estamos en constante comunicación.

Sin embargo, la buena comunicación es mucho más que meras palabras. Es un arte y la comunicación efectiva tiene dimensiones que son más grandes que lo que se dice. La capacidad de comunicarse afectuosamente con uno y con todos es una habilidad que vale la pena poseer. Desde el arte de vivir te compartimos 3 secretos para comunicarte de forma efectiva:
Se sensible y sensato
Debemos respetar los puntos de vista de la persona o personas con las que nos comunicamos. La comunicación es el arte de ser sensible y sensato al mismo tiempo. Algunas personas son demasiado sensibles y su discurso carece de claridad y es inarticulado. Y hay personas que tienen perfecto sentido, pero son insensibles. Dicen las cosas correctas, pero no son conscientes de la respuesta emocional del otro. Necesitamos esa hermosa combinación de sensibilidad y sensatez
Comunicación de corazón a corazón
Casi todas las relaciones se rompen por hablar y explicar demasiado sobre uno mismo. «Yo soy así. No me confundas. No me malinterpretes.» Si te callas cuando se requiere, todo saldrá mucho mejor. No expliques las cosas del pasado, no te preocupes por ellas, ni pidas explicaciones. Cuando el corazón habla y el corazón escucha, se produce la armonía.
Se un buen oyente
Escuchando no sólo las palabras, sino también los sentimientos y expresiones. Observar a los niños. Escuchan expresiones y gestos. Incluso sin entender las palabras, se comunican contigo. En algún momento del viaje de la vida, hemos perdido esta habilidad. Intentemos recuperarla.
Este mundo es diverso y va más allá de nuestra imaginación. Necesitamos establecer una comunicación en tres niveles: comunicación con uno mismo, comunicación con la sociedad y comunicación con la naturaleza. Siempre hay algo que compartir, aprender y enseñar, comprender esto es integrar el arte de vivir.